El Fondo se nutre de una importante aportación de la Conferencia Episcopal Española y de contribuciones voluntarias de las diócesis españolas y de los Institutos de Vida Consagrada y otras instituciones eclesiales. También llegan colaboraciones de personas particulares que desean contribuir con su pequeño granito de arena a la difusión del Evangelio en los países más pobres.
Puede enviar su aportación económica usando una de estas modalidades:
1. Giro postal o cheque bancario
A nombre del “Fondo Nueva Evangelización”
c/ Añastro 1. 28033 Madrid.
2. Transferencia bancaria
A la cuenta del “Fondo Nueva Evangelización”:
3. Domiciliación de la aportación
— On line a través de la página web de la Conferencia Episcopal Española.
— O bien remitir el boletín a:
“Fondo Nueva Evangelización”, c/ Añastro 1, 28033 Madrid.
El Reino que se anticipa y crece entre nosotros lo toca todo y nos recuerda aquel principio de discernimiento que Pablo VI proponía con relación al verdadero desarrollo: «Todos los hombres y todo el hombre». Sabemos que «la evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre». Se trata del criterio de universalidad, propio de la dinámica del Evangelio, ya que el Padre desea que todos los hombres se salven y su plan de salvación consiste en «recapitular todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo jefe, que es Cristo» (Ef 1,10). El mandato es: «Id por todo el mundo, anunciad la Buena Noticia a toda la creación» (Mc 16,15), porque «toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Toda la creación quiere decir también todos los aspectos de la vida humana, de manera que «la misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo tiene una destinación universal. Su mandato de caridad abraza todas las dimensiones de la existencia, todas las personas, todos los ambientes de la convivencia y todos los pueblos. Nada de lo humano le puede resultar extraño». La verdadera esperanza cristiana, que busca el Reino escatológico, siempre genera historia. (Evangelii gaudium, 181)