16 Oct Declaración conjunta del XXII Encuentro Internacional Católico-Judío
Bajo el lema «Desafíos para la Religión en la Sociedad Contemporánea» representantes oficiales de la Iglesia Católica y el mundo judío han estado debatiendo durante cuatro días en Madrid, del 13 al 16 de octubre, los principales asuntos que conciernen y preocupan a ambas confesiones. Al terminar este Encuentro internacional han hecho pública una declaración conjunta en la que reafirman «la singular relación entre católicos y judíos basada en un legado espiritual común y en una responsabilidad compartida en la defensa de la dignidad humana.»
Las conclusiones se han recogido en esta declaración conjunta:
Herencia Común
Judíos y cristianos compartimos la herencia bíblica que explica la relación entre Dios y los hombres. Basándonos en esta historia sagrada, judíos y católicos nos reunimos para debatir las oportunidades y dificultades a las que se enfrentan las creencias religiosas en el mundo de hoy.
Casi hace 50 años el Concilio Vaticano II promulgó la Declaración Nostra aetate, encaminando a la Iglesia Católica hacia una nueva senda en su relación con el pueblo judío. Uno de los frutos más importantes fue el establecimiento del International Liaison Committee (ILC) como el instrumento formal para vehicular las relaciones entre la Santa Sede y la comunidad judía internacional. La discusión abierta en un espíritu de mutua confianza y respeto ha caracterizado nuestro encuentro en Madrid y abunda en el progreso conseguido en enseñar e implementar los principios y enseñanzas de la Declaración conciliar. En este vigésimo segundo encuentro nos reafirmamos en la singular relación entre católicos y judíos basada en un legado espiritual común y en una responsabilidad compartida en la defensa de la dignidad humana.
Como católicos y judíos abogamos por un mundo en el que los derechos humanos sean reconocidos y respetados y todos los pueblos puedan florecer en paz y libertad. Estamos comprometidos a fortalecer nuestra colaboración para lograr una más equitativa distribución de las riquezas y los beneficios derivados de los avances de la ciencia, medicina, educación y desarrollo económico. Nuestra unión busca una mejora del mundo de forma que refleje la visión bíblica original: «Y vio Dios todo lo que había hecho, y todo era bueno» (Génesis. 1:31)
Se han discutido y examinado en pequeños grupos el aumento del antisemitismo, el incremento de la persecución de los cristianos en varias partes del mundo y la amenaza a la libertad religiosa en muchas sociedades. A la luz de nuestros ideales religiosos compartidos hemos examinado las dificultades a lasque nuestras tradiciones religiosas se enfrentan hoy en día: violencia, terrorismo, extremismo, discriminación y pobreza. Nos entristece profundamente que se tome el nombre de Dios en vano.
Libertad Religiosa
Animados por la preocupación expresada por el Papa Francisco acerca del bienestar universal de todos, especialmente de los pobres y oprimidos, compartimos la creencia de que cada individuo ha sido dotado por Dios de dignidad. Esto requiere que cada persona pueda expresar su libertad de conciencia y religión de manera individual e institucional, privada y pública. Deploramos la manipulación política de la religión. Judíos y Católicos condenamos la persecución por motivos religiosos.
Hacemos un llamamiento a los líderes políticos y religiosos y a las instituciones para que aseguren la integridad física y la protección legal de todos aquellos que ejerciten su derecho fundamental a la libertad religiosa, que protejan el derecho de los individuos a cambiar o abandonar sus creencias religiosas, a educar a sus hijos de acuerdo a sus creencias, incluyendo el sacrificio ritual de animales, la circuncisión y poder mostrar símbolos religiosos en lugares públicos.
Persecución de los cristianos
ILC recomienda a la Comisión del Vaticano para las Relaciones Religiosas con los Judíos y el IJCIC trabajar juntos contra la persecución de las minoría cristianas allí donde se lleven a cabo, de alertar sobre estos problemas y apoyar los esfuerzos que garanticen que todo ciudadano tenga plenos derechos independientemente de su identidad étnica o religosa, en Oriente Medio y en cualquier otra parte. Especialmente respecto a la minoría cristiana y a la comunidad judía en Oriente Medio.
El aumento del Antisemitismo
Como el Papa Francisco ha dicho repetidamente, «un cristiano no puede ser antisemita». Exhortamos a todos los líderes religiosos a que se opongan firmemente a este pecado. La celebración del 50 aniversario de Nostra aetate en 2015 supondrá un momento privilegiado para reafirmarnos en la condena del antisemitismo. Urgimos a que las enseñanzas antisemitas desaparezcan de libros de texto y discursos en todo el mundo. De igual manera cualquier expresión anti cristiana es igualmente inaceptable.
Educación
Recomendamos que todos los seminarios judíos y católicos incluyan programas educativos sobre la Nostra aetate y los documentos posteriores de la Santa Sede que implementan esta Declaración. Las nuevas generaciones de líderes católicos y judíos reconocemos lo mucho que Nostra aetate ha contribuído a cambiar y mejorar las relaciones entre judíos y católicos. Es imperativo que las nuevas generaciones abracen estas enseñanzas y aseguren que lleguen a todos los rincones de la Tierra.
Frente a estos desafíos, judíos y católicos renovamos nuestro compromiso para educar a nuestras respectivas comunidades en el conocimiento y respeto del otro. Acordamos cooperar para mejorar las vidas de los que viven en los márgenes de la sociedad: los pobres, los enfermos, los refugiados, las víctimas del tráfico humano y proteger la creación de Dios de los peligros del cambio climático. No podemos hacer esto solos. Hacemos un llamamiento a todos aquellos en posiciones de autoridad e influencia para que se nos unan en la causa del bien común, de forma que todos podamos vivir en dignidad y seguridad, y la justicia y la paz prevalezcan.
Madrid, 13-16 de octubre de 2013
Acto inaugural de la 22º Reunión del Comité de Enlace Judeo-Católico (ILC)
Palabras de bienvenida del cardenal Rouco
Muy estimados hermanos y amigos,
Es un gran placer saludar y dar la bienvenida a los participantes en esta 22 reunión del Comité de Enlace Judeo-Católico que se celebra aquí en Madrid. Saludo a su eminencia, el señor cardenal Kurt Koch, presidente de la Pontificia Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo y a sus colaboradores, junto con los demás miembros de la delegación internacional católica. También saludo a la señora Betty Ehrenberg, presidenta del Comité Internacional Judío para las Consultas Interreligiosas (IJCIC) y a los rabinos y miembros de la delegación internacional judía. Saludo al señor Ángel Llorente, director general de Cooperación Jurídica Internacional y Relaciones con las Confesiones del Ministerio de Justicia y a la alcaldesa de Madrid, señora Ana Botella, que nos honran con su presencia y a los cuales agradecemos su colaboración para el buen éxito de este encuentro. También deseo saludar con mucho cariño a los que pertenecen a la comunidad judía local, en especial al señor Isaac Querub, presidente de la Federación de Comunidades Judías de España y al rabino Moisés Bendahan. Me alegra también mucho saludar a los obispos y miembros de la delegación católica española y a todos los demás que están presentes en este acto de apertura en el que hay muchas caras conocidas. Deseo dar las gracias a todos los que han colaborado para hacer posible que esta reunión se celebre aquí en España.
Sabemos la importancia y especial significación que tiene España –Sefarad- para la comunidad judía, tanto desde una perspectiva histórica, como cultural, sentimental y posiblemente también religiosa. A esta tierra se sienten ligados muchos judíos que hoy viven en distintas partes del mundo y algunos, aunque no la hayan pisado nunca, siguen hablando una lengua muy parecida a la nuestra de hoy y guardan por tradición familiar las llaves de las casas de las que eran propietarios antes de la expulsión. Hoy la comunidad judía aquí en España es pequeña en comparación con la población católica, aunque se ha incrementado bastante en los últimos años. Desearía que esta reunión pueda servir para fortalecer los lazos de amistad y colaboración entre la Iglesia en España, especialmente entre la Conferencia Episcopal Española y la comunidad judía de España y a potenciar nuestra acción conjunta en favor del bien común y la defensa y promoción de los valores que compartimos en ámbitos tan importantes como la justicia social, la familia, la educación en el respeto de los principios religiosos y morales de los padres, la libertad religiosa…
Los católicos estamos celebrando el Año de la fe que ha sido convocado por el papa emérito Benedicto XVI y ratificado por el papa Francisco y que terminará a finales del próximo mes de noviembre. En la Carta Apostólica Porta fidei con la que se invitaba a toda la Iglesia a celebrarlo, se hacía referencia a los 50 años de la apertura del Concilio Vaticano II y a los textos dejados en herencia por los padres conciliares que “no pierden su valor ni esplendor”, según una muy conocida expresión del beato Juan Pablo II. ¿Qué duda cabe que uno de los textos más significativos del Concilio ha sido la declaración Nostra aetate sobra la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas? ¿Qué duda cabe que este documento dio un impulso decisivo e irreversible a las relaciones entre la Iglesia y la comunidad judía, llevando a superar muchos prejuicios e incomprensiones del pasado? En esta reunión que hoy empieza podemos constatar con un cierto grado de satisfacción como el deseo expresado en ese decreto se ha ido haciendo realidad a lo largo de estos ya casi 50 años: “Como es (…) tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos, este Sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos, que se consigue sobre todo por medio de los estudios bíblicos y teológicos y con el diálogo fraterno”. (NA, 4)
Estos encuentros constituyen un ámbito privilegiado para experimentar ese vínculo tan especial que nos une; misteriosamente enraizado en el eterno plan de salvación de Dios para toda la humanidad, como lo han definido Juan Pablo II y Benedicto XVI.
El tema que se ha elegido para esta reunión hace referencia a los desafíos para la religión en las sociedades contemporáneas; desafíos, o retos, que son en gran parte comunes para la Iglesia y la comunidad judía. Entre estos retos está el de la increencia tan extendida en nuestra sociedad y cuyas repercusiones dentro de nuestras comunidades religiosas no podemos ignorar ni infravalorar. El hombre de hoy pretende comprenderse a sí mismo, al mundo y a la historia sin reconocer su condición de creatura de Dios; dándole la espalda, negando o ignorando su existencia. Las consecuencias, como hemos podido comprobar a lo largo del siglo XX, no pueden ser más terribles. ¡Cuánto dolor, sufrimiento y muerte han provocado las ideologías ateas, racistas y nihilistas del siglo pasado!
Hemos celebrado esta mañana en Tarragona la beatificación de 522 mártires de la persecución religiosa en España del siglo XX. Se trata de Obispos, sacerdotes, consagrados y laicos, unidos a otros muchos que por odio a su fe fueron perseguidos, torturados y asesinados en la Europa del siglo XX. Lo que ocurrió en España y en muchos otros lugares, como la antigua Unión Soviética, sigue teniendo lugar hoy a diferente escala en muchos países donde no se respeta la libertad religiosa y el carácter sagrado de cada persona humana.
También el pueblo judío sufrió el siglo pasado la espantosa desgracia del holocausto, la Shoah, -¡un verdadero genocidio!- cuya causa profunda, junto al antisemitismo que hemos de luchar por erradicar en todas sus formas, hay que buscarla en la negación radical de Dios que conduce a un no disimulado desprecio del hombre, que es siempre su criatura independientemente de su condición social, raza y religión.
Benedicto XVI ha convocado el Año de la fe a causa de la profunda crisis de fe que está sufriendo la sociedad contemporánea. En la Carta Apóstolica con la que lo convocaba nos invita a redescubrir nuestra fe, a hacer de nuevo el camino de la fe, a profundizar en el acto mismo de creer y en sus contenidos. En este contexto histórico-espiritual resulta de suma actualidad el conocido texto del decreto Nostra aetate: “la Iglesia no puede olvidar que ha recibido la Revelación del Antiguo Testamento por medio de aquel pueblo, con quien Dios, por su inefable misericordia se dignó establecer la Antigua Alianza, ni puede olvidar que se nutre de la raíz del buen olivo en que se han injertado las ramas del olivo silvestre que son los gentiles”. (NA, 4)
Deseo de todo corazón que esta importante reunión del organismo oficial de contacto entre la Iglesia y la comunidad judía mundial que se celebra aquí en la capital de España nos ayude a todos a discernir esos desafíos que nos son comunes y a encontrar los modos más adecuados para asumirlos y superarlos positivamente.
Vuelvo a saludar a todos los presentes y a agradecer que se haya decidido celebrar esta importante reunión aquí en Madrid y pido al Señor por sus frutos: frutos buenos de amistad, compromiso y crecimiento en la fe y en el testimonio del único Dios, Señor de todos.